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Las
mujeres:
El casamiento del matrimonio es sacralizado y bendecido
por un sacerdote.
Para proteger a la mujer contra el marido, se le exige a éste que
constituya una dote, un capital, formado por un tercio de sus bienes.
A la muerte de la mujer, la dote vuelve a los hijos de su esposo, incluso
si ella se vuleve a casar.
La repudiación esta prohibida.
El adulterio es castigado gravemente.
El divorcio sólo se consiente en casos de impotencia, esterilidad
y ordenación religiosa de alguno de sus miembros.
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