Se trata de los restos de un recinto fortificado que sobresale por encima de la muralla compuesto tan solo por tres muros que los arquólogos consideran formarían la residencia del rey Jaime I en sus frecuentes visitas a la ciudad de Alzira.
Los muros alcanzan los 8 m. de altura.
Se trata de la casa en la que el rey Jaime I abdicó en su hijo Pedro y que posiblemente fuera además el lugar de fallecimiento del monarca.
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