|
Orden
de Calatrava:
El
rey Sancho III firmó la carta de donación perpetua de la
Villa y Fortaleza de Calatrava a la Orden del Cister, representada por
el Abad D. Raimundo, y a todos sus monjes, para que la tuvieran para siempre
jamás, y, con ayuda del Monarca la defendieran de los enemigos
de Cristo.
Constituida la Orden, sus fuerzas bélicas estuvieron formadas por
numerosos caballeros que se acomodaron a las costumbres del Cister tanto
como lo permitiese su oficio guerrero.
Unían la fatiga del soldado con la abstinencia del cenobita; las
fervientes oraciones con el bravo empuje de la pelea.
A tanto llegó el poder de esta Orden Militar, que suscitó
la desconfianza de los reyes que determinaron que la elección de
Maestres de la Orden lo sería por designación real.
Pero los Reyes Católicos, no eran soberanos capaces de soportar
otro poder que no fuera el emanado de la Corona, por lo que, siendo Maestre
de la Orden D. Garci López de Padilla, determinaron que había
llegado la hora de dar fin a la Orden de Calatrava, de modo que la misma
quedaba incorporada a la Corona tan pronto como muriera su Maestre.
Con lo cual la política de los Reyes Católicos consiguió
bajar de sus castillos a los señores feudales para someterles a
su tutela; sacó a la Corona Real de la servidumbre en que la mantenían
e incluso sometió a la Orden de Calatrava, cuyo poder, ejércitos
y riquezas la llevaba a estimarse como excesivamente independiente.
|