La entonces villa de Peñíscola
había mostrado un delicado carácter gubernamental,
si bien estableció una germanía.
Fracasado el intento de tomar Benicarló por los
agermanados (1521), éstos se dirigieron hacia
Peñíscola, defendida por escaso número
de hombres que con el alcaide y vecinos tuvieron que
refugiarse en el castillo.
Por mar, y entrando a la fortaleza por «las escaleras
del Papa Luna», llegó un grupo de refuerzo
a los sitiados, compuesto de 12 hombres con vituallas
y municiones.
Los agermanados al no recibir ayuda de Valencia, abandonaron
el sitio e intento de asalto de Peñíscola.
"Denia fue el lugar de refugio para el virrey
y sus caballeros. Allí acudieron no solo los
que habían escapado de la derrota, sino también
los nobles y todos los que temían atropellos
y vejaciones de los victoriosos comuneros.
Pero este punto no ofrecía gran seguridad,
porque también en Denia eran muchos los que se
habían agermanado. Preciso era, si querían
salvar sus vidas, porque los bienes estaban secuestrados,
preciso era marchar á un punto más seguro.
El primer pensamiento era retirarse á Cartagena,
plaza fuerte y de cuyo punto podrían escribir
á Castilla y Andalucía pidiendo tropas;
pero recelaban que en Cartagena no serían bien
recibidos, porque las doctrinas comuneras encontraban
eco en la clase del pueblo. Dirigieron su vista a Morella,
única plaza que ofrecía una indudable
seguridad.
En una nave de gran porte se embarcaron aquellas
familias en Denia, pero era tanta la confusión,
tantas las familias que se agruparon, que ni hacinados
cabían en la embarcación.
Antes de saltar al agua fueron ya despojados de sus
ropas y joyas por la plebe, y sin otro vestido que el
que llevaban puesto, y sin más provisión
que para un día, se embarcaron el 26 de Julio,
indecisos si tomarían la ruta para Cartagena
o para Peñíscola.
El viento era contrario para llegar a Cartagena,
y dirigieron la proa a la costa del Maestrazgo.
En una caravela se embarcó también el
Maestre de Montesa y los comendadores y familias. Cuatro
días duró la navegación, que fueron
cuatro días de tormento, por la estrechez y penuria
del lugar y por la escasez de alimentos.
El 30 llegaron a Peñíscola en tal lamentable
estado, que más parecían náufragos
arrojados por una tempestad, que la flor de la nobleza
de España. "
Morella y sus aldeas. Tomo III. Jose Segura y Barreda.
(pgs. 210-211).
Como hemos visto con el virrey se refugiaron en Peñíscola
el duque Juan de Borja, el conde de Albaida, el maestre
de Montesa y otros señores con sus familias,
quienes fueron socorridos con ropas y dineros por los
vecinos.
El virrey, Hurtado de Mendoza, desde Peñíscola
y durante dos meses, organizó sus tropas, trasmitiendo
órdenes e instrucciones.
Las batallas de Almenara (18 de julio de 1521) Y la
de Orihuela (20 de agosto de 1521) dieron la victoria
a las tropas reales y la vergonzosa derrota del grueso
de las fuerzas agermanadas valencianas.
Hubo batallas contra las tropas reales.
Finalmente el movimiento fue derrotado y sus líderes
ajusticiados.
La pacificación efectiva del territorio parece
ser que no se produjo hasta 1528, fecha en que el rey
otorgó un perdón general.
El virrey de Valencia concedió a Peñíscola
el título de fidelísima (1 521) por los
socorros prestados.
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