La intensa fortificación
de Peñíscola responde a su rico
y complejo pasado histórico, a sus condiciones
naturales tan especiales y a su posición
privilegiada.
Las murallas más antiguas se encuentran
en las posiciones Sur y Sureste, cercanas al puerto.
Fueron construidas por el Papa Luna, Benedicito
XIII.
Sobresale el Baluard, la batería del Bufador
con el Bonete, la puerta del Papa Luna y la batería
de Santa Ana.
Sobre la puerta del Papa Luna hay un escudo pontificio
con las llaves y la media luna.
La parte más espectacular y grandiosa del
recinto amurallado es la que da al Oeste.
Se originó por la necesidad de defensa
de la ciudad frente a los ataques de los piratas
que en el siglo XVI asolaban las costas levantinas.
Los lienzos son de sillería y reciben los
nombres de las baterías que los conforman:
Santa María, Balcón de Pilatos o
de Felipe II y baterías Alta y Baja del
Olvido.
En todas las murallas que fueron construidas por
Felipe II es posible observar escudos del rey.
Algunos se hallan un poco deteriorados por los
impactos de las balas.
Sobre los escudos aparecen unas garitas.
Los lienzos de las murallas presentan en su parte
de la mitad alta un cordón que sobresale
de los sillares y que le otorga más cohesión
a la fortificación y al mismo tiempo es
un factor decorativo de belleza.
Existen muestras de impactos de balas de artillería
que intentaron someter a la fortificación.
La mayoría de ellos provienen del asalto
del general Elío, en 1814.
Se dispararon más de 60.000 proyectiles
en aquella ocasión y quedó destrozado
el conjunto de las casas de Peñíscola,
pero en las murallas tan sólo quedan
pequeñas grietas, indicativo de la potencia
defensiva de la fortificación.
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