"En hora y media llegué á
Peñíscola con la satisfacción
de ver por todas partes algarrobos, viñas
y algunos olivos que alternaban con higueras,
las que se debieran multiplicar. En las
inmediaciones á la ciudad son más
abundantes los manantiales, y últimamente
se pisa un suelo arenisco muy incómodo.
Allí se levanta de repente el peñón
que entra en el mar, del cual está
rodeado por todas partes, a excepción
de la estrecha lengua por donde queda unido
al continente. No pocas veces forma una
isla perfecta cuando enfurecido el mar salen
sus hinchadas olas, y cubren dicha lengua
de tierra.
La sustancia del monte es caliza y dura,
dispuesta en bancos casi horizontales de
un color pardo salpicado de venitas blancas
de espato calizo. Este mármol recibe
pulimento y varía de color, declinando
al claro y rojo.
De tiempo inmemorial fue Peñíscola
una fortaleza respetable, y el arte añadió
sucesivamente las obras y defensas correspondientes
á los diferentes instrumentos de
destrucción que imaginaron los hombres.
Los Moros la entregaron al Rey D. Jaime
el Conquistador, y en el repartimiento que
se hizo de las plazas conquistadas cupo
esta á los Caballeros Templarios;
entró luego en el señorío
de los de Montesa; sirvió después
de refugio al Antipapa Luna, y al fin se
incorporó en la corona de nuestros
Reyes.
Dentro de los muros y entre peñas
muy duras nace una hermosa fuente de agua
dulce tan copiosa, que después de
abastecer al pueblo se pierde en cantidad
más que suficiente para mover dos
muelas, si la situación permitiese
construir un molino. Aunque estas aguas
se manifiesten en el peñón
aislado por el mar, tienen sin duda su verdadero
origen en los montes vecinos, con quienes
el peñón debe de tener comunicación
subterránea. A la verdad el monte
Hirta da origen á copiosos manantiales,
que se manifiestan en la raíz oriental
y contigua al mar: parte de las aguas que
encierra dicho monte en sus entrañas
pudieron hallar filtros preparados por la
naturaleza, cuya reunión no halló
otra salida sino la que felizmente se ve
dentro de Peñíscola. Esta
casualidad dichosa provee al pueblo y a
su guarnición en tiempo de guerra
sin recelo de que los enemigos puedan cortar
las aguas.
Al sureste y a flor de agua se ve una mina
o cueva que los frecuentes choques de las
olas excavaron en la peña, y continúa
por muchas varas hasta que al fin tiene
un boquete o respiradero llamado allí
el Bufador del Papa Luna. Cuando se agita
el mar entran con furia las olas hasta el
hondo de la mina, y oprimidas por los choques
continuos de las siguientes, saltan por
el boquete con tanta fuerza, que inundan
las cercanías formando una espesa
lluvia.
Aun se conserva el antiguo buque de la
Iglesia de los Templarios, donde retirado
el Antipapa con parte de sus Cardenales,
daba audiencia y ejercía el sumo
poder que pretendía sobre la Iglesia
católica. Allí vivió
desde el día primero de Diciembre
de 1415 hasta su muerte, que se verificó
en 29 de Enero de 1423; en el día
sirve aquella Iglesia para otros usos, y
se edificó la Parroquial fuera del
castillo.
Entre este y las murallas de la ciudad
viven 500 vecinos, cuyo número fue
muy corto al principio del siglo. De algunos
años a esta parte se ha observado
que el número de nacidos es catorce
veces mayor que el de los muertos."
(página 40-41)
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