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Norberto
Mesado, encargado de la documentación
historico-textual de esta web sobre Burriana,
[ex Director
Museo Arqueológico Comarcal de Burriana.] currículum
Naturayeducacion agradece
además la colaboración de Maria
Dolores Montejo en la creación de este
trabajo. |
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| NOMBRE:
BURRIANA |
www.naturayeducacion.com |
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Burriana| PROVINCIA: Castellón
( COMUNIDAD VALENCIANA ) |
En
el término del municipio
burrianense han existido y todavía
existen diferentes alquerias y ermitas:
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El
Baró |
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El
Mas-Quemado |
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El
Palaciet |
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Mascarós |
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Ermita
de la Misericordia |
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Engarzada en los múltiples campos unifamiliares,
se yergue sobre la verde sábana una arquitectura
rural que es, salvo excepciones, eminentemente
popular:
son las alquerías, unas de tapial y otras,
ya más modernas, de mampostería.
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Estas últimas, en su inmensa mayoría,
pertenecen al siglo XIX e inicios del XX. Y aquí
(pues son tierras de regadío) la alquería
es a la huerta como el maset lo es al secano,
y su número siempre fue importante, alcanzando
en el siglo XVI, según
Viciana:
"trescientas
casas de labores que nombran alquerías."
Mientras que en 1755 el personal listado en el
campo, por habitar alquerías, era de 354
almas; en 1888 pasan a censarse 562 casas de labor,
las cuales albergaban una población rural
de 2.196 almas; momento en que la villa tenía
7.630 habitantes.
Hoy, y debido a los nuevos modos de vida y al
abandono de la tierra agrícola como medio
de subsistencia, (salvo en la costa en donde proliferan
un número cada vez mayor de unidades familiares
de segunda residencia), el campo ha quedado solo
y un elevado número de alquerías
están en ruinas.
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Pero hay otras con
sello propio, aquellas que parecen más
palacetes que casas de campo.
De estas segundas pasemos a ver los ejemplares
más significativos:
El Baró, El Mas-Quemado, y el Palaciet.
Yergue su mole junto a la torre-alquería
de Carabona, camino del Palmeral en medio.
Queda cerca ya del término municipal de
Nules, y colinda, por el N, con la zona industrial,
en formación, de la Carretera de Nules.
Su
cuerpo principal, de planta rectangular, comporta
planta baja y un piso, remontado en su centro
por una torre cuadrada, su lucernario, con cubierta
a cuatro aguas y un campanil, pues el caserón
tiene capilla. La fachada principal, como casi
todas para aprovechar el sol invernal, recae a
mediodía, y sobre el dintel de la primera
puerta, hoy cegada, conserva en la clave un escudo
nobiliario. Igualmente son de sillares los esquinales
del casal, el del SO con una ménsula-capitel.
En
el patio principal, enfrente y exento, se conserva
el pozo, y una gran arboleda enmarca tal conjunto
arquitectónico, obra del siglo XVII, teniendo
en su ángulo NO. la caballeriza, el lagar,
y la almazara; mientras que en la zona alta de
esta última construcción, hoy sin
suelo, sirvió en el siglo XVIII (su fábrica
según los documentos es de 1726), para
la crianza del gusano de seda, almacén
que en la primera mitad del XIX destilaba los
célebres vinos de “Campo Romero”,
contiguos o en terrenos del propio Baró.
Como se posee documentación histórica
de este conjunto arquitectónico, levantado
en la década de los años setenta
del siglo XVII, conoceremos que se llamaba “la
Alquería de Palmer” por haber pertenecido
a José Palmer.
Pasaba luego a D. Antonio Garcés de Marcilla,
Barón de Andilla, propietario de Carabona,
personaje que fallecía en 1833, heredando
la propiedad su esposa, la Baronesa Viuda de Andilla.
El
escudo que campea sobre la puerta noble, cegada
en la actualidad, nada tiene que ver con este
título nobiliario, que es: en campo cortado,
una cruz de plata de cuyo pie sale como una cola,
también de plata; y en su otra mitad, en
campo de oro, tres fajas de gules con una cadena
de plata.
Tampoco pertenece a los Palmer, pues en campo
de azur llevan una palmera, acostada de dos leones
rampantes.
Sus cuarteles responden a los siguientes apellidos:
Armas de los Arnau (en campo de plata un navío);
Armas de los Lloréns ( en campo de azur
un brazo armado);
Armas de los Roset ( en campo de plata una rosa);
y Armas del apellido Copons (en campo de gules
un copón de oro).
Se trata de un casal situado al NE de Burriana,
cerca ya de las Alquerías de Santa Bárbara,
y a unos 200 m. al E. de la carretera que lleva
a esta pedanía.
Es de planta rectangular, con fachada a mediodía,
y consta de dos plantas que quedan unidas por
una torre central, lucernario de la escalera.
La baja está centrada por una gran puerta,
forrada con una lámina metálica
que comporta un repujado rococó fechado
en 1720, que, por su simbología religiosa,
parecen batientes de alguna iglesia. Escoltando
este vano advertiremos sendos marcos de terracota
que debieron de comportar cornucopias. A escasos
metros, sobre el paramento izquierdo, una
garita, antes con saetera y ahora con una
reja de hierro, custodia la entrada.
Ya en su zaguán, un enmorrillado de cantos,
con dibujos geométricos, da paso a una
espaciosa cocina con campana cuyo alero decora
una bella terracota
esmaltada (madre jugando
con su hijo sobre un banco de jardín),
posiblemente alcoreña,
sala con vasar, poyo corrido, y el no menos tradicional
cantarero. Y otro portón lleva al patio
interior, aun con restos de toneles y prensas
vinícolas de madera, pues estos fueron
campos de viñedos con anterioridad al monocultivo
del naranjo, corral que por sus proporciones,
y tras la vendimia, era aprovechado por los jornaleros
para festejos taurinos que pagaba su primitivo
dueño: D. Vte. Roig, cuyo retrato al óleo,
pintado por Antonio Bogel en 1860, decora el comedor
de la planta noble. Por
una escritura del año 1948, sabremos que
tal conjunto rural recibía, también,
el nombre de Alquería de San Bartolomé,
y tenía una superficie de “veinte
áreas ochenta y dos centiáreas,
y consta de planta baja con sus correspondientes
bodegas, dos lagares, gran corral, y habitaciones
para los dueños y colonos”.
Pese a los elementos barrocos anteriormente citados,
la cronología de este conjunto rural parece
más propia de los comienzos del siglo XIX,
posiblemente alrededor de la primera guerra carlista,
como señala la azulejería de la
segunda planta; así como las pinturas al
temple con representaciones de ciudades amuralladas
cuya arquitectura ecléctica, romántica
a veces, contrasta con el realismo de sus pobladores:
soldados del ejercito isabelino y sencillas gentes
de pueblo con su indumentaria tradicional. Y solo
una de las arquitecturas pintadas es real, pues
representa el propio edificio, por lo que podemos
apreciar los pocos cambios habidos con el paso
de los años.
Nombre popular con el que se conoce una sofisticada
casa de campo (residencia veraniega) ubicada muy
cerca de la desembocadura del Millars, en su orilla
derecha. Se llega a ella por la carretera que
desde Burriana alcanza las Alquerías de
Santa Bárbara, hasta el camino de La Cantera.
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En
sus inicios fue una construcción historicista,
almenada, que adquirió (o construyó)
como casa de recreo José Polo de Bernabé
y Borrás (Quartell 1812 –Vila-real
1889), nieto del mayorazgo de Vistabella D. José
Polo de Bernabé de Fabra y Arahute, quien
casaría con una hija de Joaquín
Mundina, antigua familia vila-realense. En lo
político J. Polo llegó en el año
1846 al Congreso como Diputado. De ideología
conservadora evolucionaría hacia posturas
liberales, llegando a Senador. Pero si hoy se
le recuerda en la Plana es por haber introducido
los abonos inorgánicos y guanos del Perú,
así como el naranjo mandarino cuyas primeras
plantaciones llevo a cabo junto a esta residencia
veraniega que bautizaría con el nombre
de “Rivera y Marina”.
Hoy
nada queda de este primer momento, pues tras
ser adquirido casal y tierras por el Barón
de la Almolda, entre 1930 y 1936, trasformaba
la anterior arquitectura en un conjunto de aire
casticista con elementos neorrenacentistas,
insertando otros elementos del siglo XVIII,
amalgamando con sensibilidad y gusto piezas
de palacetes italianos. Así, en su fachada
principal, al NO, destaca, en piedra, la puerta
palaciega, con jambas salomónicas embebidas,
cuyo vano sostiene una hornacina con un bello
busto de mármol blanco, perteneciente
a un caballero anónimo.
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También la forja de las rejas da unidad
a las fachadas, cuyos vanos se cubren con azulejería
barroca, generalmente manisera. Muy decorativos
son los retablos azulejeros de los hastiales externos,
con curiosas y bien ejecutadas escenas de trineos,
equitación y caza, ya del siglo XIX.
El interior del inmueble es realmente palaciego,
con puertas barrocas, paneles cerámicos
maniseros del XVIII; así como sus variados
bargueños y ricas arañas de cristal,
cerámicas decorativas y bronces.
También
sus cuidados jardines son importantes ya que
poseen viejos ejemplares de pinus canariensis;
varios grupos escultóricos (posiblemente
de J. Btª. Adsuara), y una bonita fuente
italiana de copa elevada, renacentista, sobre
mármol de Carrara, en cuyas cuatro caras
de su plinto figuran los símbolos de
los evangelistas.
Otro de los conjuntos rurales del termino del
municipio de Burriana, lo constituye un grupo
de viviendas familiares, geminadas, denominas
“Mascarós”. Se ubican cenca
de la intersección del Camí Carnissers
con el del Mar de Vial-real, al NNE. de Burriana,
cerca ya del Millars.
Destaca
su enclave en el paisaje por un monumental eucalipto
(el mayor de la Plana) ubicado junto al paramento
de levante del inmueble, con capilla propia, en
la que además de un menudo y preciosista
crucifijo de talla, firmado por “Serra”,
sobresalen sendas laudas sepulcrales de placa
cerámica,
por cuyos epitafios sabremos que aquí están
sepultados D. Eusebio Mascarós Yánez,
fallecido el día 23 de agosto de 1834 a
la edad de 20 años; y D. José Mascarós
y Segarra, natural de la villa de Alcora, prior
del Real y Sacro Convento de Montesa, y del Real
Colegio de S. Jorge de Alfama; también
Catedrático perpetuo de matemáticas
y filosofía moral de la Universidad de
Valencia, así como Fiscal Eclesiástico
del Tribunal de la Orden de Montesa, el cual moría
a la edad de 67 años el 18 de marzo de
1825.
Hoy
este enclave rural ha sido convenientemente restaurado
y ennoblecido, y funciona como centro social para
la celebración de banquetes (teléfono:
627 349 138).
Y como patrimonio histórico y espiritual
posee l´Estany de la Vila, además
de la Torre del Mar, la ermita de la Misericordia,
punto del nacimiento de la leyenda de la Patrona
de la Ciudad de Burriana, construcción
que se levanta junto a la ribera derecha del río,
y
de la que tenemos constancia primera por una
visita de amortización de 9 de Octubre
de 1749. Propiedad y administración corrían,
hasta avanzado el siglo XX, a cargo del Ayuntamiento.
La ermita de nuestra Patrona la Virgen de la
Misericordia, humilde cual ninguna, surge, como
tantas otras en el País, en la primera
mitad del siglo XVIII, cerca del mar y a la
vera de "l´Estany de la Vila"
por esa atracción del hombre a lo esotérico,
tan unido a las fuerzas telúricas. Es
el siglo mentado, para el caso valenciano, una
centuria de expansión en todos los órdenes
-especialmente demográfico, económico
y religioso-, por lo que no existe villa, pueblo
o aldea que no reforme, cuanto menos, su viejo
templo; anexione capillas (generalmente de "La
Comunión"); o salpique su geografía
con alguna ermita que se dedicará a los
santos más populares y, caso de no tenerla,
a alguno de sus Patronos.
Pero si destaca por algo es por ser el ermitorio
patronal más insignificante y humilde
de cuantos existen, pues “no tiene más
rentas que nueve libras, diez y ocho sueldos,
que da de sí un pedazo de tierra que
un devoto dexó a la Virgen pocos años
hace (corría el 19 de diciembre del año
1792) pues aunque se pagan diez y nueve libras
de arriendo tiene la obligación de pagar
anualmente nueve libras y dos sueldos de pensión;
de modo que es tan pobre que se mantiene de
limosnas”, bien de propios que por la
acumulación de cargas sería confiscado
a favor de su Majestad y Real fisco por el propio
administrador de la Baylía de la Villa,
Jacinto Gozalbo, el 12 de junio de 1794.
Es de planta rectangular, con sacristía
anexa y cubierta, de teja, a dos aguas. La fachada,
austera y pobre, remata con una espadañuela
de ladrillo; y sobre la puerta dintelada posee
una vacía fornícula;
sobre
los viejos batientes de pino, limados por la erosión,
herrajes de forja. En su interior, en el himafronte,
perdura una hornacina con rocalla dieciochesca
que encumbra una imagen de la virgen, obra del
escultor Julio Pascual Fuster (J.L. Gil).
En
la contienda del 36, en la que perdimos la primitiva
imagen, existía un lienzo, también
extraviado (situado, según Roca Alcaide,
en el testero), el cual narraba el hallazgo
de la imagen por unos pastores, escondida por
los primeros cristianos dentro de una campana
en el fondo del estanque, motivo por el cual,
popularmente, este paraje recibe también
el nombre de “Clot de la Mare de Deu”.
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