El primer ideograma que se posee del conjunto
de la urbe medieval, pertenece a Rafael Martí
de Viciana, ese burrianense (1502-1582) que
en el año 1563 publicaba la Crónica
de la Ínclita y Coronada Ciudad de Valencia
y su Reino.
En ella, y en el folio CXXXVII, veremos la circular
villa de Burriana.
Su evolución va a ser lenta, hasta que
tras arrozales, morerales y viñedos en
su término, alcanzamos el siglo XIX,
momento en el que en la Plana se empiezan a
permutar las viejas y variadas plantaciones
por el monocultivo del naranjo.
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Es
el momento en que en la rada del Grao comienzan
a llegar grandes buques, tanto franceses como
ingleses, para llevarse, primero a granel y
después en cajas, nuestra naranja.
Con ello van a proliferar los comerciantes,
más de doscientos había censados
en Burriana en la década de los años
treinta, los cuales marcharían a Barcelona,
París, Londres o Liverpool para venderse
su propia cosecha y la de los familiares y socios
más allegados, y así conocer e
impregnarse de otros modos y modas de boga en
Europa.
Van a ser exportadores que se aculturan con
otros paisajes capitalinos,
y tras su enriquecimiento y regreso trasforman
sus propios inmuebles imitando aquello que han
visto y que empiezan a popularizar las exposiciones
internacionales, las revistas de moda, la postal
y la fotografía.
Veamos, pues, con un mayor detalle topográfico,
algunos ejemplos de un pueblo que, por singular,
fue incoado el 23 de febrero de 1978: Ciudad
Histórico Artística.
Así da comienzo en las
calles del pueblo un nuevo despertar
hacia otro paisaje urbano:
1.- academicista seguido de un claro eclecticismo
cosmopolita,
en el que se insertará después
el historicismo de aire neoárabe, neogótico,
neorrenacentista o neobarroco;
Dentro
del eclecticismo historicista:
Camí d´Onda, nº 1. “Casa
Bernabé Peris”, del arquitecto
G. Ros de Ursinos, y pinturas murales interiores
de Juan Sellés. Su fábrica es
de 1901.
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La Carrera, nº 17. “Casa de la Secretaria
de D. Juan Marc”; Virgen de la Encarnación,
nº 12. “Casa Sardina”; Mayor,
nº 11-13. Con rejería neogótica;
San Joaquín, nº 2. Con sus balcones
curvos de hierro; y nº 3, con apliques
moldurados de veneras estilizadas y elementos
florales; El Raval de Valencia, nº 12-14
y 18, del año 1900, la primera con frontones
borrominescos, y la segunda con frontones triangulares
y antefixas neogriegas bajo una cornisa con
dentículos; San Antonio de Pádua,
nº 24 y Auxiàs March nº 45,
dos buenos ejemplos de lo neomudejar, con series
de arquillos polilobulados sobre columnillas
nazaríes la primera, y con vanos de herradura
y paños reticulados de ladrillo la segunda.
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En la Calle Mayor nº 23, “Casa Boix”,
un buen ejemplo del casticismo valenciano, con
sus recargados frontones partidos bajo un alero
lateral de rico artesonado, edificación
que se corona con un casalicio que es copia
de los existentes en el puente de la Trinidad
de Valencia. Dentro de esta misma línea
del casticismo, es: “Casa Traver”,
en el Raval; o “Casa Llacer” en
el Barranquet nº 31, imponentes fachadas
con su clasicismo acentuado por las columnas
embebidas, estriadas, que escoltan los vanos
de los balcones con abalaustrados de ritmo borrominesco,
sobre unos lienzos almohadillados. Y dentro
del neoplateresco tendremos un buen ejemplo
en la C/ San Isidro nº 6, con sus pilastras
decoradas con grutescos en la segunda planta.
Y como gran construcción religiosa del
neogoticismo más puro, obra también
del entonces arquitecto municipal Ros de Ursinos,
es el convento y templo de San José,
en la Avda. del Camí d´Onda, colegio
y sede de los Padres Carmelitas, obra iniciada
en 1897 y que sigue inconclusa, al igual que
la gran ermita de las Alquerías de Santa
Bárbara, del mismo autor y estilo.
2.- luego, con el Siglo Nuevo, el del 1900,
con gratísimos ejemplos del modernismo
floral, el Modern
Style o Art Nouveau,
cuyos motivos veremos bajo consolas de balcones
y marcos de los vanos, el cual imita, otras
veces, lo que Gaudí esta haciendo en
Barcelona con los tejuelos de los azulejos de
las vecinas fabricas de Onda: el “trencadís”,
que va a servir de enfoscado en algunas de las
fachadas, en donde puertas talladas y rejas
artesanas llegan a su máxima perfección
dentro de este modernismo en boga.
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Perteneciente
a la corriente del modernismo, cabria citar
los ejemplos siguientes:
S. Vicente, nº 12, “Casa Tena”,
fachada del maestro de obras Rafael Sanz Sastre;
Mayor nº 4, “Casa Fondemora”,
de Vicente Peris, construida en 1905, con sus
atlantes sosteniendo los balcones, y carnosas
molduras vegetales sobre los vanos de los pisos
altos, así como mascarones en el goterón
de su antepecho, fachada en la que sus paramentos
aparecen forrados con azulejos biselados, de
tonalidad verde; o en la misma calle el nº
17, posiblemente del arquitecto valenciano Vte.
Sancho, en la que son de destacar los hierros
de los balcones y la gran reja, con su bella
decoración floral del más puro
lenguaje modernista. No menos bella es la casa
nº 4 de la calle de San Vicente, con azulejos
verdosos en su paños más hondos,
la cual sobresale por la admirable decoración
de la consola de su gran balcón, con
un delirante bajorrelieve vegetal que semeja
la ondulación de las algas en una corriente
marina.
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No menos interesante es la fachada nº 28
de la Calle de la Carrera de San Pedro Nolasco,
con su decoración vegetal, o su excelente
puerta tallada. Dentro de este buen hacer no
pasaremos por alto “Casa Saborit”,
el nº 10 de la Calle de la Merced, con
su bellísima reja y el “horror
vacui” de su desconocido maestro factor,
cuyo motivo centra una cruz calatrava; o su
puerta tallada, con relieves escultóricos
de temática vegetal, y sus picaportes
metálicos y tiradores modernistas, iguales
a los del nº 24, “Casa Manrique”,
del Raval de Valencia, con sus potentes relieves
vegetales sobre los dinteles de sus vanos; así
como todo su interior, espléndidamente
decorado por el pintor Vicente Castell Doménech
(Castellón 1871-1934). Y singular por
la esbeltez y delicadeza de las columnillas
óseas de su coquetón mirador,
es el inmueble nº 26 de la calle Barranquet,
“Casa Fandos”, obra fechada en el
año 1931.
Otro de los edificios más sobresalientes
de la Ciudad es el denominado “Círculo
Frutero”, en la calle de San Vicente nº
18 (hoy de la Sociedad de Cazadores), obra costeada
por el cúmulo de comerciantes y exportadores
que florecieron con el Siglo. Su fábrica
salía a contrata en julio de 1914, estando
terminada en octubre del año siguiente,
por lo que el relojero castellonense Eduardo
Parés, instalaba en el remate del antepecho
un reloj cuyo carillón tenía tres
campanas. Sobresalen en la planta baja las columnas
monolíticas de la fachada, en cuyos capiteles
veremos ramos de naranjo con flor y fruto, y
en las esquinas del friso, cabezas del dios
Hermes-Mercurio. La simbología en la
decoración interna seguirá ensalzando
el dorado fruto. Así, en el arranque
de la escalera que asciende a la gran sala del
casino, con su espléndido mirador acristalado,
veremos una escultura broncínea representando
a Mercurio, el cual sostiene un lampadario cuyas
luces, en origen, simulaban naranjas. Y en este
gran salón, con columnas de hierro fundido,
otra gran lámpara, también de
bronce, reproducía un pomo de naranjas,
pieza que ha sido trasladada al <Museu de
la Taronja>. Y es que estamos, en este singular
inmueble, en presencia de lo que se ha dado
en denominar una estructura parlante (B. Goerlich).
3.- Y con el Siglo ya avanzado nace l´Art
Deco con sus planos geométricos
de cariz cubista, duros a veces y contrarios
siempre al feroz movimiento anterior, del cual
tenemos espléndidos ejemplos en Burriana.
Y
dentro del estilo Art Decó, tan contrario
al anterior por su rabiosa geometrización
de planos lisos desornamentados, tendremos “Casa
Ríos”, en C. Purísima nº
26; y el sobresaliente ejemplo de “Casa
Grau”, en el Barranquet nº 48, con
el expresionismo de sus motivos quebrados, cuyas
tres columnas de sillares llagados con fuerza
entre altos vanos, encumbran capiteles-frutero
cuyas frutas aparecen hoy policromadas. Destacan,
también, las consolas de los balcones
de la tercera planta, con una representación
de rayos solares entre nubes floreadas.
Y
como estructuras burguesas de ocio, en la que
fue Plaza del Cardenal Tarancón (Hijo
Predilecto de Burriana), aun con algún
elemento del modernismo (hierros y placas cerámicas,
o sus propias simbologías), podremos
admirar (aunque recientemente rehechos) el esbelto
quiosco de refrescos y su contiguo templete
de la música, obras del año 1925.
(foto templete)
Y finalizamos este apartado urbano mentando
el gran mercado de abastos,
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“el
cual une entre sí los mejores valores
del racionalismo y expresionismo arquitectónico
con la tradición modernista de los mercados
valencianos” (B. Goerlich), en cuya nave
en hangar, con cuchillería de hierro,
destaca en la fachada su gran arco parabólico
de la entrada, y sus policromas vidrieras cuya
simbología ensalza los progresos del
pueblo, centrándolas un escudo de la
Ciudad con coronas murales (republicanas). Es
obra del arquitecto Enrique Pecourt, y fue inaugurada
en 1933. Recientemente fue retirada la fuente
central, esculturada, que finalizaba con una
farola de Art Decó, conjunto de R. Romero
Baixauri, sobre diseño de Pecout; así
como los bancos originarios de las paradas,
de piedra artificial, sustituidos por otros
más asépticos y funcionales. Por
tal aspecto capitalino, debido al progreso de
sus gentes, la villa de Burriana sería
declarada Ciudad por la Reina Maria Cristina,
segunda esposa de Alfonso XII, el día
4 de julio del año 1901.