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Los
primeros síntomas de la presencia humana
datan de La Edad del Cobre (III milenio a C.),
En
la segunda mitad del II milenio a. C. se produjo
un despoblamiento del área, que aún
no se explican los investigadores, hasta que en
el siglo II a C asistimos a una proliferación
de asentamientos.
Uno de estos es el de Nubla, que hoy se divisa
en el horizonte por restos de fortificación,
y que estuvo activo desde el periodo ibérico
a época medieval.
La misma actividad se constata en época
romana, el puente del Molino que cruza el río
Cañamares se atribuye a este periodo.
Durante
el periodo islámico La Iruela debió
ser una de las alquerías o pequeñas
poblaciones rurales, que poblaban la región,
al igual que su vecina Cazorla.
En torno al siglo XI esta población se
rodeó de una muralla, mientras que la cima
del promontorio le servía de refugio.
En
1231 fue conquistada por el arzobispo de Toledo,
Rodrigo Ximénez de Rada, pasando a formar
parte del Adelantamiento de Cazorla, gran señorío
construido por el arzobispo y vinculado al arzobispado
de Toledo.
En
1294 el arzobispo Sancho de Castilla, con la intención
de reforzar el alfoz de Cazorla, le dio La Iruela
como aldea.
Pero La Iruela no quiso sujetarse ni obedecer
este privilegio dado a Cazorla, provocándose
distintos enfrentamientos incluso violentos entre
ambas poblaciones.
Hacia el año 1366, durante el gobierno
del arzobispo don Gome Manrique, militante en
el bando de Enrique II, las villas y lugares del
Adelantamiento quedaron divididas: mientras Cazorla
siguió el partido de Pedro I; La Iruela
secundó la política del arzobispo,
concediéndole por ello el Villazgo el 28
de junio de 1370.
Esta independencia duró poco ya que Cazorla
consiguió del mismo arzobispo la anulación
del privilegio a La Iruela, volviendo a su condición
de aldea el 5 de agosto del mismo año.
En 1378 recuperó su "autonomía
municipal", con la concesión del privilegio
de Villazgo por el arzobispo don Pedro Tenorio.
De esta manera quedó sólo sujeta
a la jurisdicción arzobispal de Toledo
cuyos prelados nombraban alcaldes, escribanos
y demás oficiales de justicia.
Don
Francisco de los Cobos, secretario del emperador
Carlos V, consiguió que el monarca le traspasara
la villa en detrimento de la mitra de Toledo.
Estos no aceptaron la pérdida y pleitearon
hasta que en 1606 recuperaron la villa.
Entre tanto, los Cobos, grandes mecenas en las
tierras de su señorío, mandaron
edificar en el interior del recinto del castillo,
la iglesia de Santo Domingo.
Los
arzobispos de Toledo mantuvieron la posesión
de esta villa hasta agosto de 1811, en que las
Cortes de Cádiz suprimían la jurisdicción
territorial del arzobispado en todo el Adelantamiento
de Cazorla, quedándole a la mitra Toledana
la jurisdicción espiritual sobre estas
tierras hasta 1958, año en el que pasó
a Jaén.
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