Tormentos:
La
justicia era arbitraria porque
por una parte no existían jueces y por otra parte se daba una excesiva
arbitrariedad.
Ante las acusaciones se disponía de otro medio para probar la inocencia:
someterse a la ordalia, que era una serie de tormentos que demostraban la
inocencia o la culpabilidad según hubieran curado las herias infligidas
o se hubieran infectado. |