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Vida
palaciega:
El lugar de residencia por excelencia eran los castillos,
que con el tiempo fueron perdiendo su significado puramente militar para
convertirse en un residencia palaciega.
Los cortesanos no sólo se diferenciaban de los plebeyos por telas
lujosas y joyas que lucían sino también por su lenguaje,
sus gustos culinarios y sus costumbres.
Eran prácticamente los únicos que podían disfrutar
del ocio mínimo para su formación personal.
Las demás personas consumían su vida en un intento de superviviencia,
nunca asegurado facilmente ni estable por las grandes inseguridades de
las épocas y por los abusos.
A las personas de la corte palaciega se les suponía adornados de
virtudes tales como espíritu de servicio, lealtad, aprecio estético,
valor y coraje.
Además debía ser un practicante de la cortesía, lucir
un buen aspecto y dominar el arte del buen hablar.
Mientras que sus defectos eran el orgullo y la soberbia.
En la Edad Media, las cortes estaban formadas por la familia real y comitiva
integrada por el clero y la nobleza.
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