La necesidad perentoria de
establecer un equilibrio
entre desarrollo y respeto a la naturaleza justifica
la premura por educar a las presentes generaciones
en la responsabilidad sobre el propio comportamiento,
como requisito posibilitador de un desarrollo
humano en convivencia solidaria también
con las generaciones futuras y desde estilos
de vida saludables.
Todo profesor o profesora,
inconsciente o conscientemente, con su actuación
diaria y con sus omisiones, aporta multitud
de mensajes acerca de cada uno de los valores
de la persona humana y de la sociedad.
Afortunadamente muchas profesoras y profesores,conscientes
de su función educativa y solidarios
con su entorno social y biológico han
hecho y hacen de sus asignaturas un instrumento
para facilitar la formación integral
de su alumnado, un escenario en el que atender
necesidades educativas actuales.
Ha cobrado fuerza una metodología
transversal que, centrándose
en diversos temas de gran relevancia social,
facilita la atención a necesidades
educativas diversas y cambiantes desde el
marco curricular de cualquiera de las asignaturas,
actividades y organización de los centros
docentes.
La educación formal puede constituir
un factor de cambio y desarrollo, contribuyendo
flexiblemente desde el marco interdisciplinar
a la resolución de los graves problemas
que acerca de los recursos naturales y la
energía, la extinción de especies,
la desforestación, la desertización
o la degradación de los ecosistemas
tiene planteada nuestra sociedad.
Demuestra que es posible aplicar el modelo
teórico de transversalidad, logra significatividad
en los aprendizajes sobre Educación
Ambiental ya que parte del análisis
de la relación cotidiana con el medio,
contextualiza la intervención educativa
en los conocimientos previos y en los contenidos
de aprendizaje de las asignaturas y áreas
curriculares y rentabiliza el espacio-tiempo
de la clase a través de la atención
de necesidades educativas actuales.
El logro de los objetivos de Educación
Ambiental no es sencillo.
Exige
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la comprensión de
un medio en sí mismo interactuante,
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la formación de actitudes y la
participación en actuaciones congruentes |
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el logro de conocimientos |
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el desarrollo de habilidades y de procedimientos
desde los que participar activamente en
la la conservación y mejora de
la naturaleza, |
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actitudes y valores tan
diversos como:
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responsabilidad
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solidaridad |
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humildad |
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prudencia en la relación
con el medio |
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capacidad para percibirlo
globalmente |
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perspectiva de futuro |
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El logro de los objetivos de la Educación
Ambiental resulta costoso, pero rentable.
La consecución de una manera de pensar
y de sentir y de unos modelos de comportamiento
que inciten al desarrollo individual y colectivo
en equilibrio con el entorno físico
y biológico, facilita la transferencia
de tales valores en relación al entorno
sociocultural y su aplicación a la
participación activa y responsable
en la resolución de los problemas colectivos.
Además, la diversidad en y de los
grupos de alumnos exige que cualquier actividad
educativa que desee ser eficaz deba partir
de la realidad del entorno y de las experiencias
y capacidades del alumnado.
Las campañas generalizadas por los
medios de comunicación, los folletos
informativos, etc. nunca pueden estar tan
adaptados a las características y peculiaridades
del alumnado como la intervención específica
de los sujetos más próximos:
profesorado, familia, amigos...
La mediación de las personas más
próximas, como definidores del rol
del adolescente, preadolescente y niño,
resulta el recurso más eficaz y útil
para motivar y desarrollar actitudes y comportamientos.
En tal interacción, incluso la omisión
del tratamiento de temas medio ambientales
explicita el mensaje negativo de que tales
temas no son importantes...
La intervención educativa contextualizada
posibilita la significatividad de los nuevos
aprendizajes.
La estructuración de los contenidos
de Educación Ambiental entre los contenidos
de las asignaturas con las que, desde una
perspectiva epistemológica, está
relacionada la comprensión del medio
ambiente, también aporta la significatividad
precisa para que los conceptos y el aprendizaje
de procedimientos generen actitudes y comportamientos
acordes con el respeto y la conservación
del medio.
Conceptos como:
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la interdependencia
entre los elementos de la biosfera y los
de la sociosfera |
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la escasez y la perentoriedad
de los recursos |
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el crecimiento demográfico
y sus desequilibrios |
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la energía s sus manifestaciones |
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ciclos y repercusión sobre
fenómenos naturales y sociales |
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la necesidad de lograr la conservación
de las especies |
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la necesidad de administrar los
recursos renovables |
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la necesidad de planificar sensatamente |
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prevenir prudentemente repercusiones
de intervención humana sobre el
medio |
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forman parte de los campos de saber de las
diversas asignaturas y pueden ser trabajados
desde un modelo educativo que se apoye en
la riqueza del entorno, más allá
de aprendizajes con fines selectivos.
Las dificultades son evidentes.
El profesorado tiene que
enfrentarse a problemas relativamente novedosos
y desde situaciones y perspectivas radicalmente
opuestas a aquello que vivió y para
lo que supuestamente fue preparado.
La sociedad en general y
el propio sistema educativo tampoco han estado
en condiciones de adaptarse flexiblemente
ni con rapidez a los cambios que en relación
con los temas medioambientales han surgido
en los útlimos decenios.
Las numerosas dificultades resaltan la valía
y elesfuerzo de las personas que, desde hace
tiempo y de modo frecuentemente anónimo,
han introducido en la cultura común
de nuestras generaciones las bases desde las
que desarrollar un modelo responsable y solidario
de tiempo y de modo frecuentemente anónimo,
han introducido en la cultura común
de nuestras generaciones las bases desde las
que desarrollar un modelo responsable y solidario
de interacción con el medio.
La puesta en práctica de la línea
de trabajo aplicada también en los
demás
Planes Educativos incluidos en el Programa
de Educación en Valores suele plantear
problemas clasificables al
menos en tres grupos:
* Deficiencias habituales
en nuestra práctica docente,
como son la escasez de trabajo coordinado
y productivo en equipo o la rigidez autoimpuesta
por el marco de las asignaturas y de los programas
formales.
* Desconocimiento
y/o falta de formación acerca
de algunos de los numerosos temas y problemas
que constituyen la demanda educativa contemporánea,
asociados al desarrollo de estilos de vida
saludable o de valores como la responsabilidad,
la solidaridad y la tolerancia en las relaciones
con los demás y con el medio, etc.
* Deficiencias en las habilidades
profesionales precisas para adptar
su trabajo a las nuevas demandas y contextos
desde los recursos personales, profesionales
y sociales de que disponemos.