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En su origen fue una ciénaga donde se depositaban restos
de animales y de plantas.
Su evolución posterior daría lugar a una zona pantanosa,
modificándose posteriormente hacia la creación de
una turbera.
Si las condiciones de pluviosidad y de temperatura lo permitieran,
el proceso de colmatación y de desecación continuaría
y podría convertirse en un bosque que sería el ecosistema
más estable.
Este proceso se conoce como “sucesión ecológica”.
Cuando las plantas acuáticas de un lago o laguna mueren,
sus restos se depositan en le fondo, enriqueciendo el agua y reduciendo
su profundidad. Estas condiciones son ideales para el crecimiento
de una nueva vegetación. Los tallos subterráneos
de muchas de estas plantas se entretejen formando una maraña
de sostén. La laguna se convierte así en ciénaga
que es una verdadera “casa cuna” para renacuajos y
larvas de insectos, y las aves encuentran allí el alimento
para sus crías.
Así se va secando y colmatando, constituyéndose
un suelo.
Las especies vegetales acuáticas y palustres son reemplazadas
por otras como gramíneas y junquillos.
El conjunto se convierte en una zona pantanosa y ofrece un aspecto
semejante al de una pradera húmeda salpicada de charcas
poco profundas.
También sufre transformaciones la fauna que allí
habita, los peces van dejando paso a los anfibios, cangrejos,
moluscos, insectos y aves típicos de las zonas pantanosas.
Nuevas capas se van añadiendo al suelo encharcado.
Poco a poco, al incrementarse el drenaje de agua y enriquecerse
aún más el suelo, serán reemplazadas las
plantas semiacuáticas por hierbas y matorrales y tendremos
una pradera.
La modificación del suelo dejará paso a pequeños
árboles y más tarde a especies arbóreas de
más talla, lo que terminará por constituir una zona
típicamente terrestre y perfectamente estable: un bosque.
Sin embargo, en las áreas lluviosas o de altitud escasa,
el suelo no llega nunca a secarse completamente, por lo tanto
la descomposición se hace más lenta, y las capas
de materia animal y vegetal en proceso de descomposición
son sepultadas por los nuevos depósitos de animales y sobre
todo de vegetales que mueren en la superficie, así como
por lo limos y cienos arrastrados por el agua.
Con el paso del tiempo los materiales semidescompuestos se transforman
en turba y en la antigua laguna se instala una turbera.
Los depósitos de carbón, petróleo y gas natural
de los cuales dependemos y que están profundamente enterrados
bajo praderas y bosques muy antiguos, fueron una vez lagunas y
ciénagas turbosas.
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