Parque Natural Islas Columbretes -Castellón- ( Comunidad Valenciana) - www.naturayeducacion.com
<<
 Inicio
+
 Introducción
+
 Isla Grande
+
 Isla Ferrera
+
 Isla Horadada
+
 Grupo Bergantín
+
 Placer Barra Alta
+
 Historia
 Flora
+
 Fauna
+
 Anécdotas
+
 El cuidado hoy
+
 Itinerario
+
 Normas
+
 Literatura
+
 Imágenes
<<
 P. Naturales
 
 


            
Título: “Cuaderno de la Isla”
Autor:  Johan Wolfer Vilkenbordt








Argumento:


Narración de los seis días y las seis noches que el autor pasó, en condición de náufrago, en una isla desierta e inhóspita del Mediterráneo que tiene el nombre de Isla Grande, perteneciente al archipiélago de las Islas Columbretes.


Narración:

“No sabría distinguir cuál fue la causa directa del naufragio de la goleta Alkmaar.

Tal vez su incendio súbito, o el puro azar que nos llevó contra aquellos arrecifes o la escasa pericia de los marineros o tal vez la abundancia de ron
que permitía que circulara por el navio el capitán Hyeronimus van Santvoort, natural de Scheveningen ... a quien Díos haya escogido en la Gloria Eterna.



Por unas u otras razones, yo Johan Wolfert Vilkenbordt, nacido en Naarden y aprendiz predilecto del maestro pintor Jacob van Ruisdael, miembro principal del gremio de San Lucas , en la bella ciudad de Haarlem, fui el único superviviente de aquella tragedia.

La isla a la que el impulso de la corriente y de las olas me condujo tiene la forma de un abrazo, de una cavidad materna en la que encontrar calor y refugio del gran temporal que enturbia el cielo y la superficie opaca del agua.

Pero no hay que fiarse de la invitación de los brazos en que se abre la isla.
Si por desventura, alguna fuerza imprevista hace que sople el viento de gregal, la bahía se transforma en un abrazo tentador y se convierte en un lugar infernal, una trampa en la que ni el más ingenioso de los veleros podría sobrevivir, aunque estuviera a poco espacio de entrar en ella.










He descubierto el mar en aquella isla inhóspita que me acogió.



El mar no es aquí el mismo que suavemente se extiende por las playas. En ellas el mar se muestra sumiso y dócil, y acaricia la tierra y se deja domesticar. Uno no sabe lo que es la mar si solamente la ha observado desde la dulzura de una playa o camuflado entre los juncos de un marjal.


La mar, la mar de verdad, no se comienza a percibir más que agua adentro , allí en donde el azul verdoso de la costa no se deja contaminar por otra tonalidad que no sea el azul intenso, oscuro, casi gris que se contempla desde la cima de este islote que parece la patria principal de todas las gaviotas. Un azul inalcanzable ni siquiera para la paleta del más diestro de los pintores.





No hay demostración más contundente de poder que la oscilación de las olas cuando la violencia del mar se decide a empujarlas cada vez con más intensidad.
No es necesario esperar un día de tempestad para comprender el poder absoluto de la fuerza del mar. Es suficiente observarlas en medio de la más absoluta de las calmas. Aun cuando todo parezca que está calmado, resulta muy fácil, percibir claramente la respiración honda de la mar, el movimiento ágil, potente, de cada uno de sus músculos en las profundidades.

... acostumbrado como estoy a la opacidad gris de los colores de mi país natal, por razones del clima tan nublado y de lluvia, la luz que el Mediterráneo lanza sobre el lienzo trémulo de la superficie del agua, me parece fulgor casi orgásmico.







Se inicia el día teñido de un plateado vivo sobre el temblor suave de las olas, en el camino del sol, que cambia a tonalidades de plomo. A plena mañana en todos los lados el azul más intenso de los posibles. Siempre claro está que el capricho de las nubes permita extender por todo el lienzo capas de distinta vehemencia o bien que sea el color de la ceniza el que predomine sobre las aguas porque se encuentre completamente nublado.
Cuando el sol comienza su crepúsculo despuntar sobre la superficie del mar se dibuja un camino de oro viejo que forma como un sendero que une al observador con el astro dominante provocando una indescriptible percepción.
Entonces el paisaje va cambiando a los amarillos, a los rosas, con pinceladas de azul y de rojo intenso, hasta que todo es gris durante un buen rato y a causa de la poca luz , caiga sobre la isla el señor de los colores de la noche.









Una de las gaviotas comienza en silencio el vuelo.
Poco a poco va animando a las otras que lentamente se incorporan al vuelo, impregnándose de las tonalidades rojizas del crepúsculo.
Pasan y vuelven en torno a mi, imperturbables, trazando en le aire líneas que quieren ser círculos, van y vienen sin prisa.
Cada vez las gaviotas, unas más grises otras más blancas, todas ellas elegantes, centenares de cuerpos grisáceos que sin otro propósito van y vienen, van y vienen, van y vienen.









Hoy que, dominados los temores, me he decidido a lanzarme de nuevo al agua, a disfrutar plácidamente de un baño, he descubierto....
que apenas unas brazadas me alejan de tierra, y la pendiente de la isla se sumerge se encuentra sembrada de algas, de erizos negros y punzantes y, aumenta velozmente y deja de ser visible.

En su lugar se extiende el azul más increíble que jamás hayan contemplado mis ojos, tan acostumbrado a causa de mi aprendizaje a toda clase de colores.
Es este azul de una pureza intacta, un azul compacto y denso, tan profundo como el remolino, un azul que remueve las entrañas, que nos invita a dejarnos acoger por su caricia maternal, a vencer el respeto y el temor que, al tiempo nos suscita su contemplación,....................observación privilegiada del más extraordinario de los paisajes que he conocido, un panorama que me cautiva irremediablemente, tan uniforme, tan misterioso, tan profundo, sin límites de manera que si la pobre capacidad de nuestros pulmones se convirtiera en propia de dioses y no de hombres, si se obrara el prodigio y fuera posible adentrarse más y más en el azul, descubriríamos que más infinita seria y mas inasequible.





El azul es como la mas bella de las sirenas, a un tiempo seductora y letal, lo azul nos succionaría sin remedio.
En tierra acariciado por el silencio de las olas, contemplo ese azul extendiéndose bajo el vidrio de las olas, todavía me llega a los oídos su canto irresistible de
manera que a menudo me atrae la tentación de sumergirme, de internarme en sus dominios inapelables.
Y no es extraño en absoluto.
La intensidad del azul de las profundidades es la más grandiosa de las contemplaciones del infinito que nos es permitida a los humanos.”







( Extracto, resumido y adpatado del excelente trabajo “Quadern d’Illa”

presentado por Vicent Usó i Mezquita en la obra “Islas Columbretes.
X Aniversario reserva Marina.
Fundació Bancaja.
Castelló).