| Referencias históricas.
Las Islas Columbretes fueron citadas por Plínio con el
nombre de Ophiusa- tierra culebrina- y de Sepentaria o Colubraria
por los romanos, haciendo referencia a la abundancia de víboras
que ha sido una leyenda en estas islas.
El Brigadier de la Real Armada Vicente Tofiño – de
cuyo apellido tomó nombre que aún perdura, Puerto
Tofiño en la Isla Grande – dice:
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“... existe una ensenada
en forma de abrigo para embarcaciones pequeñas que
los galeotes de los moros se han valido de ellas para ocultarse
y hacer sus piraterías...” |
Vicente
Tofiño |
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Más tarde serían un refugio de contrabandistas.
El faro empezó a construirse en 1855, reinando en España
Isabel II.
La necesidad e construir casas para los obreros mostró
la abundancia de víboras y alacranes en la isla.
En 1856 comenzaron los primeros asentamientos humanos permanentes
en la isla.
Los primeros planos del archipiélago fueron levantados
en 1832 por el Capitán Smyth, de la marina inglesa:
“... lo que más sorprende y es digno de ser destacado
... es el número de serpientes que pueblan el terreno.”
En lo que respecta a cómo liberarse de ellas ver el apartado
4 de anécdotas e historias en donde se narran curiosos
métodos para hacerlo.
El faro comenzó su actividad en 1860.
Con su iluminación tan potente las aves migratorias se
estrellaban contra la linterna.
En un principio se necesitaban cuatro familias para atenderlo
y más tarde se llegó sólo a una.
Hoy en día se carga el faro con acetileno y se revisa periódicamente.
No hace falta la presencia humana para dirigirlo.
Al principio cada farero debía permanecer 3 meses seguidos
en la isla y descansar el siguiente.
El equipo de radio se instaló en 1921.
Existe un cementerio.
Los suministros llegaban quincenalmente a la isla desde Baleares,
Valencia y Castellón, en embarcaciones cuya travesía
duraba hasta 11 horas.
Los temporales, las enfermedades y la escasez de aguas crearon
diversas situaciones angustiosas recogidas en diferentes documentos.
A principios de siglo numerosos barcos pesqueros fondeaban en
la ensenada de Puerto Tofiño.
Eran pescadores de sardina con luz; equipos de dos barcas de las
que solo una regresaba al puerto con la pesca , mientras el resto
quedaba en Columbretes limpiando las artes.
Habían tantas, unas 100, que se prohibió dar agua
de los aljibes de la isla a los pescadores.
A partir de la década de los cincuenta fueron las embarcaciones
de recreo las que cada vez más visitaron las Columbretes
y su presencia, combinada con los modernos equipos de buceo, han
empobrecido la fauna de las islas.
Hay que recordar que el islote Bergantín o Galiano, al
que los pescadores llaman el Carallot, sirvió de blanco
a los cañones de la Armada Española y hasta hace
pocos años los aviones hacían prácticas de
bombardeo con proyectiles lastrados en la Horadada.
Desde la década de los 70 se está dando una importancia
ecológica a las islas
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